jueves, 8 de mayo de 2014

Primaverano.

Nunca el sol había llegado a iluminar hasta tan profundo como cuando se coló entre tus rizos, ni el viento sonó tan armonioso como cuando hizo eco en las cavidades de tu garganta. Les suplicaría al sol, al viento y a los manantiales que puedo contar en tus ojos, que nos dejaran salir de nuestras costillas y vísceras para poder cabalgar sin montura en páramos que sólo los pájaros han pisado. Y la música que aprenderemos del viento, el sol, y el continuo murmurar del agua cayendo sobre agua, resonará en nuestras cajas torácicas cuando regresemos, y la felicidad no tendrá fin. Y aprenderemos a cabalgar sin salir de nuestros huesos para poder pisar lo que sólo los pájaros han pisado.

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